Las noches del invierno sueco son largas y frías, mientras que la llegada de la primavera y la luz marca una época de transición que atrae todos los bríos de renovación. Como todo lo místico, en ese país se vive también una cultura under, que cree en las leyendas, los mitos, y los cuentos de hadas.

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Hay un mito que se llama “La bruja de pascua”, y consiste en que el día jueves, antes de pascua, las niñas se pinten la cara, se pongan pañuelos y faldas largas y deambulen por la casa recogiendo caramelos. Por las laderas, la gente va encendiendo hogueras para ahuyentar a los malos espíritus, mientras las explosiones de petardos se pueden oír como juerguistas de brujas disparando desde el cielo.

La fiesta cristiana tradicional va entrelazada con estas festividades de lo sobrenatural. El símbolo sueco de la pascua es una rama de Abedul decorada con plumas de colores, sin contar con los huevos de pascua que siempre están presentes.

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Después de Semana Santa viene otra tradición inmersa en la antigua creencia, se trata de la noche de Walpurgis. En esta noche, del 30 de abril, miles de hombres y mujeres se reúnen alrededor de las colinas con fogatas ardientes. Muchos usan gorras de color blanco con los emblemas de la lira, símbolo de los estudiantes, mientras se aplaude alrededor de las fogatas por la llegada de la primavera.

Originalmente, los incendios estaban destinados a espantar a las brujas, pero hoy son parte de todo un rito para celebrar la llegada de la primavera. La comida que se sirve esa noche es el Gravlax, consistente en salmón fresco marinado en sal, azúcar y eneldo fresco.

Fotos: flickr

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