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Lo atractivo de las tradiciones y costumbres es que siempre cambian. Cuando resultan inservibles, son relegadas al olvido o moldeadas en formas nuevas. Eso es lo que pasa en sumo grado con las costumbres festivas en Suecia.

Suelen tener unas raíces antiguas, los orígenes de algunas se remontan incluso a los tiempos de la Suecia pagana. Muchas tradiciones nos han llegado de fuera, con los comerciantes alemanes o por medio de la Iglesia protestante.

Las estaciones del año llevan la voz cantante

Otras costumbres son tan antiguas, que sus orígenes se han perdido en el olvido de los tiempos. Ello no impide, sin embargo, que se sigan celebrando, porque siempre ha sido así y porque han llegado a ser muy estimadas. Se han convertido en parte del ciclo de la vida, al que sirven de marco, y dan a la gente una noción del tiempo y al año, un ritmo.

En Suecia, son muchas las costumbres que están fuertemente vinculadas con los cambios de la naturaleza. Así, por ejemplo, los suecos celebran la fiesta de San Juan, o solsticio de verano, con una intensidad que sólo puede darse en un pueblo que acaba de pasar otro largo y duro invierno. Encienden velas al llegar el Adviento y rinden culto a una Lucía vestida de blanco y con una corona de velas en el pelo.

Por otra parte, la comida sueca tiene a menudo un carácter de temporada y su condimentación y preparación tienen que ver con las necesidades de conservación que se dieron en la sociedad agraria, más primitiva. Ejemplos de ello son el arenque marinado, la carne salada o ahumada, o productos lácteos cuajados, cocidos o curados.

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