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Según cuenta la historia, los vikingos suecos que se aventuraron a conquistar tierras fueron verdaderos ejemplares de fortaleza y perfección física. Altos como los árboles de palma, rubios y colorines, con cuerpos tallados a mano, perfectos.

Cuando los suecos llegaron a sus casas y colgaron sus cascos, se dedicaron a construir la que hoy es la capital más impresionante de Europa: Estocolmo. Esta ciudad es un conjunto de joyas que tarda en descubrirse al cien por ciento, por ello, vamos a dar algunos datos de aquellos lugares que han sido más apreciados por los viajeros que han visitado estos parajes.

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Pero antes de llegar a Estocolmo, lo primero que hay que hacer, es pasar a almorzar al carro de arenques en Södermalm Square, donde se han dedicado a proveer a la población de pescado fresco por más de 20 años. Algo que tienen que probar porque es uno de los favoritos, es el arenque con pan de centeno cubierto con cebolla española, eneldo y mostaza.

Dar un paseo bajo los puentes de Estocolmo, es absolutamente necesario para comenzar a familiarizarse con esta ciudad. Los paseos en barco duran casi dos horas, porque abarcan un recorrido entre los puentes de Estocolmo y los lugares que conectan el Lago Mälaren con el Mar Báltico. En verano, la frecuencia de los barcos es cada una hora.

El Jardín Rosendals es un lugar destacado de la ciudad. De hecho, los parques y jardines son casi un tercio de la ciudad. El Rosendals, que traducido significa “Valle de las Rosas”, tiene una huerta orgánica para complementar la oferta de alimentos de la cafetería.

El Museo de Arte y Arquitectura es un lugar privilegiado, que ofrece galerías iluminadas con muestras permanentes de arte moderno sueco e internacional, incluyendo importantes obras de Picasso, Matisse, Dardel y Hjerten. El año pasado, para la celebración de sus 50 años, se puso una monumental obra de BarbaraKruger. Este es uno de los museos más grandes del mundo. Cuando se sale del museo, pueden ver las torretas Kastellholmen asomandose por encima de la copa de los árboles.

Cruzando el puente Skeppsholmen, se puede trazar tomar refugio del sol en el Gabinete Real de Monedas. Este sitio es demasiado modesto para guardar un tesoro, porque allí duermen muchas monedas antiguas de Bagdad y otros países de Europa, además de las monedas inglesas.

Aquí está una gran plaza de cobre, y el primer billete que se creó en el mundo, emitido en 1661 por el Banco de Estocolmo.

Vía/ Time